Crònicas de Caos (Episodios 1 y 5)
"Are you ready to start once more and write a new beginning to this tale?" (Clive Nolan)
Con el corazòn oprimido, con mano temblorosa, sujetaba mi boleto.
Esperaba impaciente en la fantasmal estaciòn, hacìa mucho que debìa dar un viaje en ese tren.
El Ùltimo Tren al Olvido.
Me llenè los bolsillos de recuerdos, por si me arrepentìa al final, los fui dejando en mi camino. Pero gorriones del ayer ya se habìan encargado de devorarlos y dejarme sin ruta de regreso. Sin marcha atràs.
La locomotora parò frente a mi, y un viento me golpeò la cara. Como si una ràfaga de tiempo borrara mis huellas en la arena. Una mano impalpable me invitò a entrar.
Tomè mis maletas y entrè al penùltimo vagòn, el vagòn de la soledad. Siempre me ha confortado entrar. Me muevo silenciosamente mientras me hundo en mis recuerdos.
Pròxima parada: el Olvido.
El ùltimo escape.
***
Estuve cara a cara frente a èl, era una persona confortable y a la vez terrorìfica. Imaginè que no cualquiera le soportarìa la mirada.
Me sentì afortunado de no ser cualquiera.
Habìa pasado tiempo buscando a alguien màs solitario que yo. Pensaba que si aquì venìamos a ser olvidados quizà me sintiera menos solo en compañìa de otros miserables que hubieran tenido mi suerte.
Me parè en medio del vagòn y lancè mi manifiesto en voz alta:
-Si alguien me escucha, ¡acompàñame! ¡Hàzte escuchar conmigo!
¡Yo tambièn serè olvidado, seàmoslo juntos!
Y sòlo respondiò mi propio eco -¡seàmoslo juntos!
Hasta que, con mucho temor, y a la vez, con mucha alegrìa, lo encontrè en el ùltimo vagòn.
Era un hombre muy alto, vestido todo de negro, con actitud encorvada, posiblemente lo hacìa para disimular su gran altura; y la gran altura de sus palabras.
Tenìa unos dedos muy largos, que sujetaban una pùa sombrìa, de la cual escurrìan letras doloridas. Su espìritu sonreìa en forma del rostro de un niño, como si fuera incapaz de lastimar a nadie, pero al mismo tiempo tenìa una mirada feroz, enmarcada por su ceño fruncido y las sombras debajo de los ojos. Sus ojos terribles y càlidos, decorados con vigilia.
Habìa hielo y oscuridad en ellos, sin embargo su sonrisa no se borraba de su boca.
Pude ver cruces resecas en su corazòn, a travès de su pecho. Entendì que algo le dolìa, y aùn asì no dejaba de sonreir.
-¿Quièn eres?- preguntè.
Cuando por fin hablò, su voz retumbò en las paredes del vagòn en el que estàbamos. Parecìa un rugido felino, felino como su mirada.
-Me llamo Caos, el Fractal,... o mejor dicho, Fractal, el Caos.
-Encantado de conocerte, yo soy... -ni siquiera sabes quièn eres- me interrumpiò el Fractal.
Me sorprendiò su respuesta tan agresiva, ¿y èl se conocìa?
¿Què era exactamente un fractal?
adj. Objeto cuya creación depende de reglas de irregularidad o de fragmentación, y matemático que lo estudia. Figura geomètrica de superficice finita y perìmetro infinito.
-Todas las esperanzas, todos tus sueños, tus risas y tus làgrimas son fractales, todas tus palabras, las que sigilosamente le murmuras a tu dios para que nadie màs las escuche, como las arenas que le suplican al mar llegue de vez en cuando a calmar su sed, y que son interminables.
Todos son fractales.
Yo soy un fractal.
Pero has venido aquì a ser olvidado y nada importarà despuès, te has salido de tu fractal y sin tu fractal no hay nada.
Eso me doliò, honestamente me sentì un cobarde por huir de esa manera. Pero de alguna forma sentì que siempre habìa tenido esa esperanza en mis manos. Ignoraba que era un fractal.
-Bueno, y tù ¿por què estàs aquì? -preguntè -¿acaso tambièn has abordado este tren para ser olvidado?
Esta vez su sonrisa se volviò burlona -No realmente...
Como si no lo supieras.
Y extendiò boca abajo una baraja sobre la mesa.
-El tarot falla mucho, ¿sabes? pero parece que tu carta astral se ha confundido màs el dìa de hoy. Elige algunas cartas.
Y tomè algunas...
-La Torre, el Ermitaño, el Colgado, la Fuerza, al parecer tienes suerte de no sacar al Diablo, lo ùnico que me preocupa es que seas el pròximo naipe que el diablo juegue. Escucha, en algùn lugar del cielo existe algo peor que el diablo, un ser al que incluso èl teme: el Desintegrador. Hoy puedo sentir que habita en ti. Que es la ùnica carta de tu baraja.
Me sorprende que nos hayamos encontrado aquì, tu destino dice que nos verìamos los rostros en plena Era de Acuario, cuando tus fractales estuvieran alineados y dejaras de declarar tormentas en tus cielos.
-Entonces me esperabas, pero serìas olvidado si no hubiera abordado este tren.
-¿Acaso no te das cuenta?
Yo no vine a ser olvidado, yo no soy humano, los inmortalesno viajamos en tren, no sabemos volvernos invisibles o desvanecernos en nubes polvosas de tiempo.
Tampoco lo creo de ti, por eso no pensè que vendrìas aquì. Al menos no serìas olvidado en polvo ordinario, siento que eres polvo de estrellas petrificado nada màs, pero los corazones son de carne, y no hay calor màs efectivo para hacerte volar de nuevo.
Pero arrancar tus raìces tambièn duele, quizà màs que ser olvidado y ahogarte en fractales de làgrimas, que sòlo se multiplican por la unidad.
Parecìa que este (¿hombre?, ¿dios?, ¿mesìas?), que este ser me conocìa desde todas mis anteriores vidas, y sentì como si me abriera las puertas del Nirvana.
-No, no, no. No te voy a dar esa paz, todo lo contrario, te darè el peor dolor de tu vida. Cortarè esa venda que tienes en tu ciego entendimiento, no hay peor dolor que ese. Pero asì te devolverè la vista.
Era muy gracioso, ademàs este tipo me leìa la mente.
O sea que mi destino era abordar el Tren al Olvido para ser salvado por el tal Caos.
-Tambièn estàs en un error, ya te digo que el horòscopo no te tenìa en mis planes del dìa, no te esperaba tan temprano.
-Entonces, ¿por què estàs aquì?
-¿No te das cuenta?
He venido a acompañarla a ella.
Y me señalò a una mujer postrada frente a un arpa de cristal, llevaba siglos hablando con Caos y no la habìa notado. Era la criatura màs delicada que habrìa visto en mi vida.
Pasaba con desgano sus manos sobre el arpa, pero no producìa sonido alguno; sobre su cabello brillantìsimo se posaba un par de mariposas nocturnas, de esas que asustan. Su rostro afilado era bellìsimo, sin embargo lo cubrìa un telòn de tristeza que la hacìa verse hermosamente fantasmal.
-¿Quièn es ella?- preguntè -es una mujer muy bella.
-No es una mujer. Es una Musa. Alguien decidiò olvidarla, y las musas son fràgiles, basta un suspiro para derrumbarla. No puede escucharte.
-¿Como se llama?
-Su nombre sòlo yo lo conozco, no debes saberlo. No debes ni siquiera intentar adivinarlo. Sòlo tù conoces el nombre de cada uno de los fantasmas que hay en tu equipaje, y sòlo tù conoces el nombre de tu amada.
-...de mi amada Tristesse.- pensè. -Ha estado llorando, sus ojos llueven. Su voz canta silenciosamente, puedo escucharla morir lentamente.
-Es una pena -respondiò Caos -si tan solo alguien me ayudara a confortarla...
Caos no permitiò que el dolor borrara su temible sonrisa, que lo hacìa lucir malèvolo.
Pero en ese momento supe que su sonrisa ocultaba millones de emociones màs, millones de sonrisas, que a su vez cada una traìa nuevas sonrisas y a la vez làgrimas. Pude experimentar en èl un fractal del color de su sonrisa.
Y entonces, lo dije.
-Escucha, yo ya no tengo nada què perder. En estos precisos preciosos momentos estoy siendo borrado de la faz de las mentes de los mortales de allà afuera.
Permìteme ayudarte a salvarla del olvido, serìa una pena enorme que este ser dejara de alumbrar un mundo como este.
Caos empezò a brillar.
-No tienes nada que perder; pero si en verdad quieres hacerlo, serà un sacrificio sentimental. A cambio podrìas ganar tu propia salvaciòn.
Sus ojos de noche y hielo se tiñeron de fuego.
Y su càlida mirada me cobijò, me hizo brillar.
-Serà necesario tejer un fractal que logre descarrilar este tren. Cosa nada fàcil. Dentro de ti encontraràs lo necesario para empezar. Deberàs concentrar tu alma y tu piel en todo lo que te habita justo ahora y poco a poco el fractal harà su trabajo.
Observè a la Musa, y aùn moribunda, su belleza me inspirò a crear eso que Caos llamaba fractal. ¿Acaso Fractal lo llamarìa el Caos?
Cerrè mis ojos...
...y abrì mi alma...
Aquì no hay arcàngeles, ni blancos ni negros,
no hay mùsica,
no hay nadie,
no veo nada,
tan solo neblina.
Las visiones que descubre el vapor me impiden sentir con claridad.
A lo lejos escucho el rumor del tren del que soy viajero, como delicado arco de un contrabajo, que contrasta con las trompetas de una orquesta que fluye en los rieles.
La obertura de mi destino.
-Hùndete en lo màs profundo de ti, y dèjalo fluir, cuando escuches la mùsica del arpa estarà hecho y podràs respirar aliviado.
Pero lo ùnico que escuchè fue el eco de mi voz que gritaba como estandarte: "¡seamos olvidados juntos!"
Me hundo en la reflexiòn y me hundo en mis recuerdos. Las arenas del olvido me arrastran a su abismo.
Los fantasmas de mi equipaje bramaron aterrorizantes, trataron de atacarme como serpientes. Y de alguna forma sòlo se devoraron a sì mismos.
Caos continuaba ahì. -¡No te detengas! ¡Estàs ganando tus propias batallas! Sòlo asì podràs remontar el fractal.
Para èl no fue difìcil, sentì su fractal inmensamente colorido y adornado, pero sabìa que necesitaba del mìo para salvar a su Musa.
No sentì miedo, pero por màs que buscaba no encontraba màs que los ojos de Caos miràndome. Fue entonces que la comprensiòn visitò mi inquieto corazòn y por fin mi fractal se abriò como alas que rompieron el cielo sobre nosotros.
Los vagones del Tren al Olvido se desbarataron, mis ojos seguìan cerrados, pero por fin empecè a ver, despuès de siglos de ceguera. No pude ver a Caos, ni a la Musa, pero pude ver cada segundo de mi vida pasar frente a mi, tejiendo fractales a mi alrededor. Supe que jamàs hubiese llegado al Olvido.
Justo antes de que se desbaratara el fractal, escuchè la terrible voz de Caos:
-No es fàcil mantener vivos los fractales, pero has ganado tu propia salvaciòn, ahora sabes dònde empieza el camino de regreso a casa, lejos de cualquier olvido.
Nos veremos una ùltima vez màs.
Por ayudarnos a la Musa y a mi a volar, estaremos agradecidos contigo
por toda la eternidad.
***
Cuando abrì los ojos, me encontrè en la estaciòn desierta de un tren que jamàs habìa dado un viaje.
Las notas dulces de un arpa acariciaron el aire que me rodeaba y tejieron un fractàlico lienzo, sobre el cual comencè a dibujar intentos de fractales...
y despuès de mucho intentar, escribì mi primer fractal.
Con el corazòn oprimido, con mano temblorosa, sujetaba mi boleto.
Esperaba impaciente en la fantasmal estaciòn, hacìa mucho que debìa dar un viaje en ese tren.
El Ùltimo Tren al Olvido.
Me llenè los bolsillos de recuerdos, por si me arrepentìa al final, los fui dejando en mi camino. Pero gorriones del ayer ya se habìan encargado de devorarlos y dejarme sin ruta de regreso. Sin marcha atràs.
La locomotora parò frente a mi, y un viento me golpeò la cara. Como si una ràfaga de tiempo borrara mis huellas en la arena. Una mano impalpable me invitò a entrar.
Tomè mis maletas y entrè al penùltimo vagòn, el vagòn de la soledad. Siempre me ha confortado entrar. Me muevo silenciosamente mientras me hundo en mis recuerdos.
Pròxima parada: el Olvido.
El ùltimo escape.
***
Estuve cara a cara frente a èl, era una persona confortable y a la vez terrorìfica. Imaginè que no cualquiera le soportarìa la mirada.
Me sentì afortunado de no ser cualquiera.
Habìa pasado tiempo buscando a alguien màs solitario que yo. Pensaba que si aquì venìamos a ser olvidados quizà me sintiera menos solo en compañìa de otros miserables que hubieran tenido mi suerte.
Me parè en medio del vagòn y lancè mi manifiesto en voz alta:
-Si alguien me escucha, ¡acompàñame! ¡Hàzte escuchar conmigo!
¡Yo tambièn serè olvidado, seàmoslo juntos!
Y sòlo respondiò mi propio eco -¡seàmoslo juntos!
Hasta que, con mucho temor, y a la vez, con mucha alegrìa, lo encontrè en el ùltimo vagòn.
Era un hombre muy alto, vestido todo de negro, con actitud encorvada, posiblemente lo hacìa para disimular su gran altura; y la gran altura de sus palabras.
Tenìa unos dedos muy largos, que sujetaban una pùa sombrìa, de la cual escurrìan letras doloridas. Su espìritu sonreìa en forma del rostro de un niño, como si fuera incapaz de lastimar a nadie, pero al mismo tiempo tenìa una mirada feroz, enmarcada por su ceño fruncido y las sombras debajo de los ojos. Sus ojos terribles y càlidos, decorados con vigilia.
Habìa hielo y oscuridad en ellos, sin embargo su sonrisa no se borraba de su boca.
Pude ver cruces resecas en su corazòn, a travès de su pecho. Entendì que algo le dolìa, y aùn asì no dejaba de sonreir.
-¿Quièn eres?- preguntè.
Cuando por fin hablò, su voz retumbò en las paredes del vagòn en el que estàbamos. Parecìa un rugido felino, felino como su mirada.
-Me llamo Caos, el Fractal,... o mejor dicho, Fractal, el Caos.
-Encantado de conocerte, yo soy... -ni siquiera sabes quièn eres- me interrumpiò el Fractal.
Me sorprendiò su respuesta tan agresiva, ¿y èl se conocìa?
¿Què era exactamente un fractal?
adj. Objeto cuya creación depende de reglas de irregularidad o de fragmentación, y matemático que lo estudia. Figura geomètrica de superficice finita y perìmetro infinito.
-Todas las esperanzas, todos tus sueños, tus risas y tus làgrimas son fractales, todas tus palabras, las que sigilosamente le murmuras a tu dios para que nadie màs las escuche, como las arenas que le suplican al mar llegue de vez en cuando a calmar su sed, y que son interminables.
Todos son fractales.
Yo soy un fractal.
Pero has venido aquì a ser olvidado y nada importarà despuès, te has salido de tu fractal y sin tu fractal no hay nada.
Eso me doliò, honestamente me sentì un cobarde por huir de esa manera. Pero de alguna forma sentì que siempre habìa tenido esa esperanza en mis manos. Ignoraba que era un fractal.
-Bueno, y tù ¿por què estàs aquì? -preguntè -¿acaso tambièn has abordado este tren para ser olvidado?
Esta vez su sonrisa se volviò burlona -No realmente...
Como si no lo supieras.
Y extendiò boca abajo una baraja sobre la mesa.
-El tarot falla mucho, ¿sabes? pero parece que tu carta astral se ha confundido màs el dìa de hoy. Elige algunas cartas.
Y tomè algunas...
-La Torre, el Ermitaño, el Colgado, la Fuerza, al parecer tienes suerte de no sacar al Diablo, lo ùnico que me preocupa es que seas el pròximo naipe que el diablo juegue. Escucha, en algùn lugar del cielo existe algo peor que el diablo, un ser al que incluso èl teme: el Desintegrador. Hoy puedo sentir que habita en ti. Que es la ùnica carta de tu baraja.
Me sorprende que nos hayamos encontrado aquì, tu destino dice que nos verìamos los rostros en plena Era de Acuario, cuando tus fractales estuvieran alineados y dejaras de declarar tormentas en tus cielos.
-Entonces me esperabas, pero serìas olvidado si no hubiera abordado este tren.
-¿Acaso no te das cuenta?
Yo no vine a ser olvidado, yo no soy humano, los inmortalesno viajamos en tren, no sabemos volvernos invisibles o desvanecernos en nubes polvosas de tiempo.
Tampoco lo creo de ti, por eso no pensè que vendrìas aquì. Al menos no serìas olvidado en polvo ordinario, siento que eres polvo de estrellas petrificado nada màs, pero los corazones son de carne, y no hay calor màs efectivo para hacerte volar de nuevo.
Pero arrancar tus raìces tambièn duele, quizà màs que ser olvidado y ahogarte en fractales de làgrimas, que sòlo se multiplican por la unidad.
Parecìa que este (¿hombre?, ¿dios?, ¿mesìas?), que este ser me conocìa desde todas mis anteriores vidas, y sentì como si me abriera las puertas del Nirvana.
-No, no, no. No te voy a dar esa paz, todo lo contrario, te darè el peor dolor de tu vida. Cortarè esa venda que tienes en tu ciego entendimiento, no hay peor dolor que ese. Pero asì te devolverè la vista.
Era muy gracioso, ademàs este tipo me leìa la mente.
O sea que mi destino era abordar el Tren al Olvido para ser salvado por el tal Caos.
-Tambièn estàs en un error, ya te digo que el horòscopo no te tenìa en mis planes del dìa, no te esperaba tan temprano.
-Entonces, ¿por què estàs aquì?
-¿No te das cuenta?
He venido a acompañarla a ella.
Y me señalò a una mujer postrada frente a un arpa de cristal, llevaba siglos hablando con Caos y no la habìa notado. Era la criatura màs delicada que habrìa visto en mi vida.
Pasaba con desgano sus manos sobre el arpa, pero no producìa sonido alguno; sobre su cabello brillantìsimo se posaba un par de mariposas nocturnas, de esas que asustan. Su rostro afilado era bellìsimo, sin embargo lo cubrìa un telòn de tristeza que la hacìa verse hermosamente fantasmal.
-¿Quièn es ella?- preguntè -es una mujer muy bella.
-No es una mujer. Es una Musa. Alguien decidiò olvidarla, y las musas son fràgiles, basta un suspiro para derrumbarla. No puede escucharte.
-¿Como se llama?
-Su nombre sòlo yo lo conozco, no debes saberlo. No debes ni siquiera intentar adivinarlo. Sòlo tù conoces el nombre de cada uno de los fantasmas que hay en tu equipaje, y sòlo tù conoces el nombre de tu amada.
-...de mi amada Tristesse.- pensè. -Ha estado llorando, sus ojos llueven. Su voz canta silenciosamente, puedo escucharla morir lentamente.
-Es una pena -respondiò Caos -si tan solo alguien me ayudara a confortarla...
Caos no permitiò que el dolor borrara su temible sonrisa, que lo hacìa lucir malèvolo.
Pero en ese momento supe que su sonrisa ocultaba millones de emociones màs, millones de sonrisas, que a su vez cada una traìa nuevas sonrisas y a la vez làgrimas. Pude experimentar en èl un fractal del color de su sonrisa.
Y entonces, lo dije.
-Escucha, yo ya no tengo nada què perder. En estos precisos preciosos momentos estoy siendo borrado de la faz de las mentes de los mortales de allà afuera.
Permìteme ayudarte a salvarla del olvido, serìa una pena enorme que este ser dejara de alumbrar un mundo como este.
Caos empezò a brillar.
-No tienes nada que perder; pero si en verdad quieres hacerlo, serà un sacrificio sentimental. A cambio podrìas ganar tu propia salvaciòn.
Sus ojos de noche y hielo se tiñeron de fuego.
Y su càlida mirada me cobijò, me hizo brillar.
-Serà necesario tejer un fractal que logre descarrilar este tren. Cosa nada fàcil. Dentro de ti encontraràs lo necesario para empezar. Deberàs concentrar tu alma y tu piel en todo lo que te habita justo ahora y poco a poco el fractal harà su trabajo.
Observè a la Musa, y aùn moribunda, su belleza me inspirò a crear eso que Caos llamaba fractal. ¿Acaso Fractal lo llamarìa el Caos?
Cerrè mis ojos...
...y abrì mi alma...
Aquì no hay arcàngeles, ni blancos ni negros,
no hay mùsica,
no hay nadie,
no veo nada,
tan solo neblina.
Las visiones que descubre el vapor me impiden sentir con claridad.
A lo lejos escucho el rumor del tren del que soy viajero, como delicado arco de un contrabajo, que contrasta con las trompetas de una orquesta que fluye en los rieles.
La obertura de mi destino.
-Hùndete en lo màs profundo de ti, y dèjalo fluir, cuando escuches la mùsica del arpa estarà hecho y podràs respirar aliviado.
Pero lo ùnico que escuchè fue el eco de mi voz que gritaba como estandarte: "¡seamos olvidados juntos!"
Me hundo en la reflexiòn y me hundo en mis recuerdos. Las arenas del olvido me arrastran a su abismo.
Los fantasmas de mi equipaje bramaron aterrorizantes, trataron de atacarme como serpientes. Y de alguna forma sòlo se devoraron a sì mismos.
Caos continuaba ahì. -¡No te detengas! ¡Estàs ganando tus propias batallas! Sòlo asì podràs remontar el fractal.
Para èl no fue difìcil, sentì su fractal inmensamente colorido y adornado, pero sabìa que necesitaba del mìo para salvar a su Musa.
No sentì miedo, pero por màs que buscaba no encontraba màs que los ojos de Caos miràndome. Fue entonces que la comprensiòn visitò mi inquieto corazòn y por fin mi fractal se abriò como alas que rompieron el cielo sobre nosotros.
Los vagones del Tren al Olvido se desbarataron, mis ojos seguìan cerrados, pero por fin empecè a ver, despuès de siglos de ceguera. No pude ver a Caos, ni a la Musa, pero pude ver cada segundo de mi vida pasar frente a mi, tejiendo fractales a mi alrededor. Supe que jamàs hubiese llegado al Olvido.
Justo antes de que se desbaratara el fractal, escuchè la terrible voz de Caos:
-No es fàcil mantener vivos los fractales, pero has ganado tu propia salvaciòn, ahora sabes dònde empieza el camino de regreso a casa, lejos de cualquier olvido.
Nos veremos una ùltima vez màs.
Por ayudarnos a la Musa y a mi a volar, estaremos agradecidos contigo
por toda la eternidad.
***
Cuando abrì los ojos, me encontrè en la estaciòn desierta de un tren que jamàs habìa dado un viaje.
Las notas dulces de un arpa acariciaron el aire que me rodeaba y tejieron un fractàlico lienzo, sobre el cual comencè a dibujar intentos de fractales...
y despuès de mucho intentar, escribì mi primer fractal.
