Thursday, December 24, 2009

Crònicas de Caos (Episodios 1 y 5)

"Are you ready to start once more and write a new beginning to this tale?" (Clive Nolan)

Con el corazòn oprimido, con mano temblorosa, sujetaba mi boleto.
Esperaba impaciente en la fantasmal estaciòn, hacìa mucho que debìa dar un viaje en ese tren.
El Ùltimo Tren al Olvido.

Me llenè los bolsillos de recuerdos, por si me arrepentìa al final, los fui dejando en mi camino. Pero gorriones del ayer ya se habìan encargado de devorarlos y dejarme sin ruta de regreso. Sin marcha atràs.

La locomotora parò frente a mi, y un viento me golpeò la cara. Como si una ràfaga de tiempo borrara mis huellas en la arena. Una mano impalpable me invitò a entrar.
Tomè mis maletas y entrè al penùltimo vagòn, el vagòn de la soledad. Siempre me ha confortado entrar. Me muevo silenciosamente mientras me hundo en mis recuerdos.

Pròxima parada: el Olvido.
El ùltimo escape.

***

Estuve cara a cara frente a èl, era una persona confortable y a la vez terrorìfica. Imaginè que no cualquiera le soportarìa la mirada.
Me sentì afortunado de no ser cualquiera.

Habìa pasado tiempo buscando a alguien màs solitario que yo. Pensaba que si aquì venìamos a ser olvidados quizà me sintiera menos solo en compañìa de otros miserables que hubieran tenido mi suerte.
Me parè en medio del vagòn y lancè mi manifiesto en voz alta:

-Si alguien me escucha, ¡acompàñame! ¡Hàzte escuchar conmigo!
¡Yo tambièn serè olvidado, seàmoslo juntos!

Y sòlo respondiò mi propio eco -¡seàmoslo juntos!

Hasta que, con mucho temor, y a la vez, con mucha alegrìa, lo encontrè en el ùltimo vagòn.
Era un hombre muy alto, vestido todo de negro, con actitud encorvada, posiblemente lo hacìa para disimular su gran altura; y la gran altura de sus palabras.
Tenìa unos dedos muy largos, que sujetaban una pùa sombrìa, de la cual escurrìan letras doloridas. Su espìritu sonreìa en forma del rostro de un niño, como si fuera incapaz de lastimar a nadie, pero al mismo tiempo tenìa una mirada feroz, enmarcada por su ceño fruncido y las sombras debajo de los ojos. Sus ojos terribles y càlidos, decorados con vigilia.
Habìa hielo y oscuridad en ellos, sin embargo su sonrisa no se borraba de su boca.
Pude ver cruces resecas en su corazòn, a travès de su pecho. Entendì que algo le dolìa, y aùn asì no dejaba de sonreir.

-¿Quièn eres?- preguntè.

Cuando por fin hablò, su voz retumbò en las paredes del vagòn en el que estàbamos. Parecìa un rugido felino, felino como su mirada.
-Me llamo Caos, el Fractal,... o mejor dicho, Fractal, el Caos.
-Encantado de conocerte, yo soy... -ni siquiera sabes quièn eres- me interrumpiò el Fractal.

Me sorprendiò su respuesta tan agresiva, ¿y èl se conocìa?
¿Què era exactamente un fractal?
adj. Objeto cuya creación depende de reglas de irregularidad o de fragmentación, y matemático que lo estudia. Figura geomètrica de superficice finita y perìmetro infinito.

-Todas las esperanzas, todos tus sueños, tus risas y tus làgrimas son fractales, todas tus palabras, las que sigilosamente le murmuras a tu dios para que nadie màs las escuche, como las arenas que le suplican al mar llegue de vez en cuando a calmar su sed, y que son interminables.
Todos son fractales.
Yo soy un fractal.
Pero has venido aquì a ser olvidado y nada importarà despuès, te has salido de tu fractal y sin tu fractal no hay nada.

Eso me doliò, honestamente me sentì un cobarde por huir de esa manera. Pero de alguna forma sentì que siempre habìa tenido esa esperanza en mis manos. Ignoraba que era un fractal.

-Bueno, y tù ¿por què estàs aquì? -preguntè -¿acaso tambièn has abordado este tren para ser olvidado?
Esta vez su sonrisa se volviò burlona -No realmente...
Como si no lo supieras.

Y extendiò boca abajo una baraja sobre la mesa.
-El tarot falla mucho, ¿sabes? pero parece que tu carta astral se ha confundido màs el dìa de hoy. Elige algunas cartas.

Y tomè algunas...

-La Torre, el Ermitaño, el Colgado, la Fuerza, al parecer tienes suerte de no sacar al Diablo, lo ùnico que me preocupa es que seas el pròximo naipe que el diablo juegue. Escucha, en algùn lugar del cielo existe algo peor que el diablo, un ser al que incluso èl teme: el Desintegrador. Hoy puedo sentir que habita en ti. Que es la ùnica carta de tu baraja.
Me sorprende que nos hayamos encontrado aquì, tu destino dice que nos verìamos los rostros en plena Era de Acuario, cuando tus fractales estuvieran alineados y dejaras de declarar tormentas en tus cielos.

-Entonces me esperabas, pero serìas olvidado si no hubiera abordado este tren.

-¿Acaso no te das cuenta?
Yo no vine a ser olvidado, yo no soy humano, los inmortalesno viajamos en tren, no sabemos volvernos invisibles o desvanecernos en nubes polvosas de tiempo.
Tampoco lo creo de ti, por eso no pensè que vendrìas aquì. Al menos no serìas olvidado en polvo ordinario, siento que eres polvo de estrellas petrificado nada màs, pero los corazones son de carne, y no hay calor màs efectivo para hacerte volar de nuevo.
Pero arrancar tus raìces tambièn duele, quizà màs que ser olvidado y ahogarte en fractales de làgrimas, que sòlo se multiplican por la unidad.

Parecìa que este (¿hombre?, ¿dios?, ¿mesìas?), que este ser me conocìa desde todas mis anteriores vidas, y sentì como si me abriera las puertas del Nirvana.

-No, no, no. No te voy a dar esa paz, todo lo contrario, te darè el peor dolor de tu vida. Cortarè esa venda que tienes en tu ciego entendimiento, no hay peor dolor que ese. Pero asì te devolverè la vista.

Era muy gracioso, ademàs este tipo me leìa la mente.
O sea que mi destino era abordar el Tren al Olvido para ser salvado por el tal Caos.

-Tambièn estàs en un error, ya te digo que el horòscopo no te tenìa en mis planes del dìa, no te esperaba tan temprano.

-Entonces, ¿por què estàs aquì?

-¿No te das cuenta?
He venido a acompañarla a ella.

Y me señalò a una mujer postrada frente a un arpa de cristal, llevaba siglos hablando con Caos y no la habìa notado. Era la criatura màs delicada que habrìa visto en mi vida.
Pasaba con desgano sus manos sobre el arpa, pero no producìa sonido alguno; sobre su cabello brillantìsimo se posaba un par de mariposas nocturnas, de esas que asustan. Su rostro afilado era bellìsimo, sin embargo lo cubrìa un telòn de tristeza que la hacìa verse hermosamente fantasmal.

-¿Quièn es ella?- preguntè -es una mujer muy bella.
-No es una mujer. Es una Musa. Alguien decidiò olvidarla, y las musas son fràgiles, basta un suspiro para derrumbarla. No puede escucharte.
-¿Como se llama?
-Su nombre sòlo yo lo conozco, no debes saberlo. No debes ni siquiera intentar adivinarlo. Sòlo tù conoces el nombre de cada uno de los fantasmas que hay en tu equipaje, y sòlo tù conoces el nombre de tu amada.

-...de mi amada Tristesse.- pensè. -Ha estado llorando, sus ojos llueven. Su voz canta silenciosamente, puedo escucharla morir lentamente.
-Es una pena -respondiò Caos -si tan solo alguien me ayudara a confortarla...

Caos no permitiò que el dolor borrara su temible sonrisa, que lo hacìa lucir malèvolo.
Pero en ese momento supe que su sonrisa ocultaba millones de emociones màs, millones de sonrisas, que a su vez cada una traìa nuevas sonrisas y a la vez làgrimas. Pude experimentar en èl un fractal del color de su sonrisa.
Y entonces, lo dije.

-Escucha, yo ya no tengo nada què perder. En estos precisos preciosos momentos estoy siendo borrado de la faz de las mentes de los mortales de allà afuera.
Permìteme ayudarte a salvarla del olvido, serìa una pena enorme que este ser dejara de alumbrar un mundo como este.

Caos empezò a brillar.
-No tienes nada que perder; pero si en verdad quieres hacerlo, serà un sacrificio sentimental. A cambio podrìas ganar tu propia salvaciòn.

Sus ojos de noche y hielo se tiñeron de fuego.
Y su càlida mirada me cobijò, me hizo brillar.

-Serà necesario tejer un fractal que logre descarrilar este tren. Cosa nada fàcil. Dentro de ti encontraràs lo necesario para empezar. Deberàs concentrar tu alma y tu piel en todo lo que te habita justo ahora y poco a poco el fractal harà su trabajo.

Observè a la Musa, y aùn moribunda, su belleza me inspirò a crear eso que Caos llamaba fractal. ¿Acaso Fractal lo llamarìa el Caos?
Cerrè mis ojos...
...y abrì mi alma...

Aquì no hay arcàngeles, ni blancos ni negros,
no hay mùsica,
no hay nadie,
no veo nada,
tan solo neblina.
Las visiones que descubre el vapor me impiden sentir con claridad.

A lo lejos escucho el rumor del tren del que soy viajero, como delicado arco de un contrabajo, que contrasta con las trompetas de una orquesta que fluye en los rieles.

La obertura de mi destino.

-Hùndete en lo màs profundo de ti, y dèjalo fluir, cuando escuches la mùsica del arpa estarà hecho y podràs respirar aliviado.

Pero lo ùnico que escuchè fue el eco de mi voz que gritaba como estandarte: "¡seamos olvidados juntos!"
Me hundo en la reflexiòn y me hundo en mis recuerdos. Las arenas del olvido me arrastran a su abismo.
Los fantasmas de mi equipaje bramaron aterrorizantes, trataron de atacarme como serpientes. Y de alguna forma sòlo se devoraron a sì mismos.
Caos continuaba ahì. -¡No te detengas! ¡Estàs ganando tus propias batallas! Sòlo asì podràs remontar el fractal.

Para èl no fue difìcil, sentì su fractal inmensamente colorido y adornado, pero sabìa que necesitaba del mìo para salvar a su Musa.
No sentì miedo, pero por màs que buscaba no encontraba màs que los ojos de Caos miràndome. Fue entonces que la comprensiòn visitò mi inquieto corazòn y por fin mi fractal se abriò como alas que rompieron el cielo sobre nosotros.
Los vagones del Tren al Olvido se desbarataron, mis ojos seguìan cerrados, pero por fin empecè a ver, despuès de siglos de ceguera. No pude ver a Caos, ni a la Musa, pero pude ver cada segundo de mi vida pasar frente a mi, tejiendo fractales a mi alrededor. Supe que jamàs hubiese llegado al Olvido.
Justo antes de que se desbaratara el fractal, escuchè la terrible voz de Caos:
-No es fàcil mantener vivos los fractales, pero has ganado tu propia salvaciòn, ahora sabes dònde empieza el camino de regreso a casa, lejos de cualquier olvido.
Nos veremos una ùltima vez màs.
Por ayudarnos a la Musa y a mi a volar, estaremos agradecidos contigo
por toda la eternidad.

***

Cuando abrì los ojos, me encontrè en la estaciòn desierta de un tren que jamàs habìa dado un viaje.
Las notas dulces de un arpa acariciaron el aire que me rodeaba y tejieron un fractàlico lienzo, sobre el cual comencè a dibujar intentos de fractales...

y despuès de mucho intentar, escribì mi primer fractal.

Friday, August 10, 2007

Crónicas de Caos (episodio 4)

Las velas agitaban sus luminosas coronas.
La sombra de Caos danzaba en el Muro de los Lamentos.

No sé cuándo ni cómo llegué a este templo, sólo sé que fue gracias a mi eterno salvador Caos; y me sentí feliz de que me trajera hasta aquí...
a curar mis heridas.
En la esquina del cuarto noté que yacía una silueta conocida. La Musa, que también cicatrizaba, tal vez un poco más lento que yo. Tal vez llevaba meses en ese estado.

Vi fractales naciendo de la pluma dorada de Caos, aún no distinguía el dolor en sus ojos.
Mis manos continuaban goteando placer, parecía que no despertaba aún de mi sueño azul. Era como si estuviera soñando a Caos soñándome.

Su dolor se redujo una sóla lágrima afilada, que cayó sin pudor, coloreando su fractal.
La voz de mi amigo sonó débil; iluminó el silencio con un murmullo pálido. -Para morir hay que nacer.- dijo.

-Poco a poco, los sentidos han vuelto a tu cuerpo, será cuestiónde siglos que recuperes tu silueta. Será larga la espera, pero estarás bien; debes ser paciente. Es la desventaja de ser inmortal.

Apenas pude pronuciar su nombre.
-.....Caos...
-Qué alegría que puedas por fin hablarme.
-...la Musa... se... mar...la Musa...se marchitó.
La miró por un momento. En verdad parecía que no había nada donde estaba la Musa. El fractal de ella, dibujaba un sollozo en el aire. Un sollozo casi muerto.
-Y después de mi necesitará a alguien como tú, por eso necesitas sanar. Mira, yo ya no estará para cuando ella despierte, y creo que dejé que su fractal se debilitara. Sé que la cuidarás bien.

Por un momento Caos cayó. ¿Me encomiendas el cuidado de la delicada criatura que tienes como Musa, cuando estoy malherido? Debe ser un chiste cruel.

No obstante en ese momento percibí un escalofrío indescriptible, después de lo que he vivido me di cuenta que estábamos al borde del fractal. Nunca supuse que él decidiera algo tan fuerte; pero cuando reveló lo que había planeado; sentí haberlo adivinado.
A veces Caos es muy enigmático.

-Necesito que me mates.

Al decir esto, su semblante cambió. De reflejar la luz de la luna del atardecer, pasó a ennegrecerse con sombras silenciosas, de un silencio que espanta. Sin embargo él parecía feliz.
Y aunque yo no me horroricé, no podía aceptarlo, no quería. Digamos que no entendí los motivos que él pudiera ocultar.
Caos simplemente cerró sus párpados cansados, levantó el rostro de pie ante el crepúsculo, y mayo acarició sus mejillas.
No dejaba de sonreir.
Yo me quedé sin habla.

-En aquella mesa está la púa sombría que usarás como arma. Ya sabes usarla, no es la primera vez que le coquetas a la muerte.
-...Caos...¿por qué?...
-Para morir hay que nacer .

Silencio.

-Es un trueque, yo necesito morir, tú me ayudas; tú necesitas nacer, yo te ayudo.

Silencio. Segundos, días, años. Pudo haber terminado la Era de Acuario hasta que por fin comprendí que debía hacerlo; mi alma estaba amaneciendo. Y afortunadamente mi mano ya poseía la fuerza para tomar la púa sombría, "Everlasting Spikeshadow" fue el nombre que le dimos hace tiempo.

Y entonces no hubo marcha atrás. El fractal invirtió su forma de girar, esta vez como seises apocalípticos que se retorcieron dentro del corazón de Caos.
Él alguna vez fue inmortal.
-¿Estas listo?-preguntó.

Silencio, esta vez fueron minutos. Caos no tuvo más que decir.
Y yo nunca he sido tan decidido, como para llegar a aquel extremo, los nervios explotaban dentro de mi. "Como Cristo convirtió el agua en vino, el coraje me convirtió la sangre en alcohol frío"... y el diablo convirtió el vino en agua.
Caos sólo dijo una palabra antes de que rasgara su piel con la oscuridad del arma.
-GRACIAS.- Y no dejó de sonreir.

Su cuerpo se desplomó en mis brazos.
Miré sus ojos, en ellos sólo leí paz y dicha.
-Todo está hecho. Hoy por fin vives por mi, he sido muy feliz. No le temas al dolor, terminará pronto.
Y gimoteó casi sin poder respirar; no había motivos para llenarse los pulmones de vida, pues él la dejó escapar por su herida. Yo lo maté, pero él se desangró.
-...Caos...soy...muy feliz...
-Yo también, pero por favor cierra la puerta que mi piel se congela. Ella ya no volverá.
Y entonces Caos "me habló de la conciencia y me habló del dolor, y miré la ventana y comenzó a llover". Y mi pecho se llenó de éxtasis, recordé a la Musa. Y cerré la puerta.

Caos apenas murmuró sus últimas palabras.
-Para nacer hay que morir.

Y su fractal se enredó en mis manos asesinas, esparciendo polvo de estrellas al cielo humedecido de tormentas y pintando de acuamarina el contorno de mi aura.
Le debía mucho a Caos y sólo pude pagarle cerrando el telón de su templo, antes de que el Tren del Olvido pasara por aquí.
Adiós Caos, te extrañaré.

Finalmente escuché la voz de la Musa que despertaba mientras reconocía el lugar al que había llegado sin saber cómo. Y me llamó por mi nombre.

-Caos, has vuelto a ser inmortal.

La lluvia dibujó un arco iris en mi corazón.

Tuesday, April 10, 2007

CANCIÓN DEL MES

Hay algunos que dicen
que todos los caminos conducen a Roma
y es verdad porque el mío
me lleva cada noche al hueco que te nombra
y le hablo y le suelto
una sonrisa, una blasfemia y dos derrotas;
luego apago tus ojos
y duermo con tu nombre besando mi boca.

Ay, amor mío,
qué terriblemente absurdo es estar vivo
sin el alma de tu cuerpo, sin tu latido.

Que el final de esta historia,
enésima autobiografía de un fracaso,
no te sirva de ejemplo,
hay quien afirma que el amor es un milagro
que no hay mal que no cure
pero tampoco bien que le dure cien años;
eso casi lo salva,
lo malo son las noches que mojan mi mano.

Ay, amor mío,
qué terriblemente absurdo es estar vivo
sin el alma de tu cuerpo, sin tu latido.

Aunque todo ya es nada,
no sé por qué te escondes y huyes de mi encuentro.
Por saber de tu vida
no creo que vulnere ningún mandamiento;
tan terrible es el odio
que ni te atreves a mostrarme tu desprecio,
pero no me hagas caso,
lo que me pasa es que este mundo no lo entiendo.

Ay, amor mío,
qué terriblemente absurdo es estar vivo
sin el alma de tu cuerpo, sin tu latido.

Luis Eduardo Aute
Sin tu Latido

Thursday, May 11, 2006

Escalando la Colina Solsbury
pude ver la luz de la ciudad;
el viento soplaba, el tiempo se detuvo,
el àguila volò fuera de la noche.
Tenìa algo que observar,
"acèrcate màs", escuchè una voz,
desplegaba cada nervio,
tuve que escuchar, no tenìa opciòn.
No creì la informaciòn;
sòlo tuve que creer la imaginación;
mi corazòn latìa, bum, bum, bum.
"Hijito", me dijo
"toma tus cosas, he venido a llevarte a casa".
No te detengas.

A mantener silencio me resignè,
mis amigos pensarìan que estaba loco,
conviritendo agua en vino,
las puertas abiertas pronto se cerraràn.
Por eso vine dìa tras dìa,
aunque mi vida era una rutina,
hasta que pensè lo que debìa de decir`
y què conexiòn debìa cortar.
Me sentìa parte del escenario;
caminè justo fuera de la maquinaria;
mi corazòn latìa, bum bum bum;
"Oye", me dijo,
"toma tus cosas, he venido a llevarte a casa.
De vuelta a casa".

Cuando la ilusiòn gira su red
nunca estoy donde quiero estar,
y la libertad da piruetas
cuando pienso que soy libre;
observado por siluetas vacìas
que cierran sus ojos pero continùan viendo,
nadie les enseñò a etiquetar;
les mostrarè otro yo.
Ahora no necesito reemplazo;
les dirè lo que significaba la sonrisa en mi rostro;
mi corazòn late, bum bum bum;
"Oigan", les dije,
"pueden quedarse con mis cosas,
ellos han venido a llevarme a casa"

Thursday, March 16, 2006

Crisàlida

He pintado la oscuridad con una sombra.
Mis ojos callan.
Empolvado el tiempo reposa en mis pestañas,
las làgrimas congeladas etiquetan mis pecados.
Soy un astro durmiente
oprimido en una tùnica blanca.

Me suspendo de un hilo de oro,
esperando nacer.
Llora el viento de la noche
al acariciar los bordes dulces de mi jaula,
un prisma de azùcar que me abraza
silencioso.
Soy un torniquete de seda,
de cabello seco y ciega piel;
insertado en el vientre de la noche.

Apretado en un arrullo infinito,
duermo anestesiado e insensible.
Me pierdo en laberintos de una sola dimensiòn,
mosaicos de siluetas veloces.
Me inmovilizo,
esperando mi tiempo.
Ayuno la perfecciòn de los amantes,
Paralizado en un capullo transparente
me alimentan sueños lìquidos.

Cada poro es el umbral de una nueva vida,
pero aùn no poseo alasa de fuego
que quemen las paredes grises
de esta càpsula de tela.
Para nacer con la impaciencia de las aves.
Para derretir este refugio fràgil
con una aureola de feromonas.
Y romper en mil reflejos
este caleidoscopio opaco.....

Esperando despertar.....
Esperando ser libre.....
Esperando...



Por las comisuras de tus pàrpados
veo correr destellos tibios y transparentes;
tus ojos siempre han sido un paisaje,
hoy tiemblan y llueven,
es un paisaje desolado,
un arco iris roto
en un cielo sin estrellas.

Puedo percibir el dulce sabor de tu tristeza,
el latido del nudo en tu garganta
y tus sueños desfalleciendo.

No te derrumbes ahora,
no te dejes extinguir;
aunque no te dejarè de querer
si dejas de brillar.

Wednesday, May 04, 2005

Un vuelo.

Caminando desde la oscura esquina de mi desolación, lleguè a la costa sureste de mi fractal, cuyas playas han sido devastadas y donde mis huellas aùn pueden ser leìdas sobre las arenas de mis recuerdos.
Ya no queda mucho tiempo ni espacio.
El fractal casi ha desaparecido.

Me entristece darme cuenta de que no soy nadie realmente; sino una minùscula parte de Dios, el gran fractal. Las personas sólo somos iteraciones de esa gigantesca ecuaciòn.

Aquí mi piel se llena de dudas. – ¿De dònde nace la inspiraciòn?
Sè que no volverè a ver a la musa que me impulsò a ser inmortal, porque ella no me pertenece; tampoco verè a Caos, que me enseñò a crear fractales de cada objeto que hubiera en mi vida y que siempre se comportò como mi tutor. No los verè de nuevo; ellos se aman, yo sòlo fui un mal discìpulo.
Sin ellos vuelvo a estar solo.

Sobre mì se alza majestuosa la bòveda celeste.

Desacostumbrado a ser un concepto que vuele a travès de los sueños de los mortales, siento un deseo tremendo por alcanzar el rostro que no me mira. Esa faz formada por astros aùn no clasificados por el hombre moderno es la constelaciòn a la que amè. No lo puedo evitar, mi corazòn desea llegar hasta ahì. Desde que era niño la observaba y quiero estar con ella. La amaba.
Y en estas tierras destrozadas y sedientas no puedo continuar. Me he decidido por remontar un ùltimo vuelo hacia una de esas estrellas y terminar con un dolor infinito.
Me he suicidado de muchas formas. Pero nunca al calor de una masa estelar.
Ya no serè inmortal, sòlo un montòn de àtomos.

Y comienzo a flotar por los aires.
El horizonte se dobla mientras me despido del Vigìa De Los Cielos; lanzo una ùltima mirada a mi mundo decadente, como si me arrepintiera de lo que hago.
Lo ùnico que veo es a mi ùltima autorreferencia. Trato de despedirme de mi mismo.
–Todo lo que digas serà falso- le digo.
Mi reflejo me contesta –Todo lo que digas serà verdadero.
Siempre jugàbamos este juego y me divertìa.
Hoy sòlo me provoca màs angustia.

Y asì volando, cruzo la atmòsfera. Con el Sol a mis espaldas, beso a la Luna, que sangra como todas las noches cuando hay eclipse.
Todavìa tengo ànimos de juguetear como niño con las òrbitas de Galatea y Tritòn, me desenredo de ellas, para escuchar a los planetas prometerme que me van a extrañar.
He salido del Sistema Solar y mis huesos estàn congelàndose.

Adiòs Andròmeda, Cangrejo y Oriòn. No se culpe a nadie de esto.
A varios años luz de distancia veo el Libro De La Vida con mi nombre incompleto, no sè si se està escribiendo o si se està borrando. Adiòs Jehovà.
Me desean buen viaje la Cruz Del Sur y la Cabellera de Berenice, la Ballena y el Auriga. Mientras atravieso las entrañas de Càstor y de Pòlux, mi miedo se convierte en emociòn.

Pero me detengo. Caos me advirtiò de su existencia.
Cerca de las fronteras del universo, habita el Desintegrador. Un cadàver viviente de varios kilòmetros de largo. Su afilado esqueleto me asusta.
El Desintegrador nada entre polvo còsmico, devorando los sueños olvidados de los humanos que por alguna extraña razòn son abandonados en este punto. Entre millones de imàgenes reconozco dos o tres de mis deseos incumplidos de la infancia.

¿Serà èsta mi oportunidad para ser hèroe?
¿Mi instinto me mandò hasta aquì a matarlo para que mi ego quedara estampado en el firmamento?
¿Mi destino serà morir como màrtir y seudo-mesìas en lugar de morir solo con una estrella?
Creo que no, soy muy dèbil para ello, no basta con ser valiente.
Y es que no hay nada màs aterrador que este ser malèvolo, ni siquiera Lucifer podrìa domarlo. Ni la màs frìa indiferencia, ni la fobia màs terrible se comparan.
En sus colmillos estàn clavados los nombres de la humanidad entera.
Bajo sus costillas de metal veo sus pulmones, dos bolsas de tejido corrompido, que con fuerza aspiran los miedos de los santos y de los paganos.
Sus ojos son dos soles ya convertidos en hoyos negros.
El Desintegrador me mira. Presiente mi intenciòn de atacarlo.
Mejor huyo de aquì.

Asì continùo mi viaje para llegar, ahora sì, a mi constelaciòn. Conforme me acerco a ella, se parece menos a un rostro y màs se ve como un enjambre disparejo. Me desilusiono de nuevo.
Pero ya estoy acercàndome y no puedo dar marcha atràs.
Lo que, desde la Tierra, parecìa una pupila gentil; de cerca es una super nova inmensa, que deseo tocar con mis manos, para acurrucarme con ella y arder con su luz. Para poner punto final a mi historia.

Estoy a dos milìmetros de acariciar esta esfera de fuego que me mira como querièndome consolar. Sòlo dos milìmetros; en estas condiciones el tiempo y el espacio son tan fractales que un par de segundos es eterno.
Y la constelaciòn es tan fractal como mi tristeza.
– ¿Amè el fulgor de tus estrellas realmente?
Quisiera que la galaxia me respondiera, pero ella sòlo me observa con sus luceros pupilas sin poder hacer nada para salvarme. No la culpo.

Estoy a punto de tocarla y quemarme.
Pero justo en este momento siento la horrible presencia del Desintegrador, que me persiguiò hasta acà. Y siento con mucha precisiòn su tajo obsceno que me parte en dos. Mis palabras llegan a la estrella de mi constelaciòn favorita.
– Perdì mucho tiempo contemplàndote, querìa morir abrazado a tu fuego, no por el corte indecente de este monstruo.
El Desintegrador rìe macabramente, juro que mi tìmpano no escuchò nunca un grito tan aterrador, tan rocoso como la maldita risa de la bestia.

Todos mis pecados recorren mi mente, a lo lejos oigo el reproche de siempre.
– “Eres polvo de estrellas petrificàndose, pero los corazones son de carne.”
Fue como si esa pùa sombrìa hubiera cortado una a una las cèlulas de mi espìritu; como si todas las penìnsulas del fractal se separaran de mi cuerpo.
Fue como si cada molècula, cada nùcleo y cada partìcula elemental se disolviera en el espacio vacìo.
No me queda màs remedio que alejarme malherido de la galaxia a la que amè.

Y caigo verticalmente muriendo desafortunadamente y me entrego a esta caìda libre sin fin. Observo de nuevo todos los rincones del mapa celeste mientras bajo.
Por fin exploto armoniosamente en el centro del universo y disperso mi resplandor a todos los sistemas, mi brillo llegarà a la Tierra en unos cinco años.
Supero la velocidad de la luz, alcanzo una aceleraciòn de millones de kilòmetros por segundo cuadrado, es inùtil calcular.
Violentamente rompo el himen de la atmòsfera y caigo de nuevo en las redes multicolores de mi fractal. Mi cuerpo se volviò piedra estelar, un aerolito hueco y duro que deja la señal de su impacto en el suelo agrietado, erosionàndolo.

Y caigo de nuevo en el sueño profundo de la muerte tierna y dulce.

Y… caigo… de nuevo…


Pesadamente abro los ojos, yo…
no sè quièn soy realmente.
Quizà un montòn de polvo de estrellas petrificado y seco.
Miro al cielo y sòlo veo nubes que empañan mi vista. No puedo ver a las galaxias, ni al Desintegrador, ni a mi Constelaciòn amada.

Sobre el fractal yace mi cuerpo inerme, estèril y derrotado. A mi derecha veo las estelas de Caos y de Su Musa.
– Ojalà que a ellos no los vea el demonio que me matò a mi – me digo.

No siento mi alma, ni mi fantasma, ni mi cuerpo. Sòlo siento algo pètreo.

“El Hombre es 5, y el Diablo es 6, entonces Dios es 7”
Todos somos un nùmero. Esta vez soy un cero absoluto, pero todo fractal comienza con un nùmero. Incluso yo puedo ser un logaritmo que se itere de nuevo.
Puedo sentir cada fractal de la creaciòn màs cerca de mi ahora. Cada àrbol, cada nube, cada sonido, cada astro, cada color del arcoiris, cada oraciòn que le hice al Señor, cada caracol, cada pluma y cada pelo, cada palabra suave, incluso la mirada del Desintegrador son fractales.
Yo tambièn puedo volver a empezar.

Hay una sombra que me oscurece, de pronto todo recobra el sentido.
Y caigo esta vez dentro de mi mismo.
Y miro las esquinas envejecidas de mi alma.
Y descongelo làgrimas de sal.
Y me reviento en miles de estrellas que se me escapan de las manos y revolotean a mi alrededor. Y parezco alcanzarlas y tocarlas como si fueran una sola.

Antes de reconocerla, la sombra me señala un cometa en el cielo.

Tuesday, March 22, 2005

Te dejo en paz.

Dejo tu inspiración ahora,
ninfa de alas luminosas.

Renuncio a seguir midiendo tu silueta
y tu sombra cansada.

Ya no buscaré nada en el fondo de tus ojos
pues nada reflejan cuando los miro.

No seguiré persiguiendo tu corazón
ni el eco de tus latidos;
que, al arrullo del deseo,
resuenan en el silencio.